Inspirado en las enseñanzas de León XIV sobre el servicio y la misión cristiana.
Página I
18 de octubre de 2026 (3)
Nuestra fe se demuestra en lo que hacemos por los demás

Nuestra fe se demuestra en lo que hacemos por los demás
Queridos hermanos y hermanas:
Todos conocemos a alguna persona que ha cambiado nuestra vida.
Quizá fue alguien que nos ayudó cuando atravesábamos una dificultad.
Quizá fue un profesor que confió en nosotros cuando nadie más lo hacía.
Quizá fue un amigo que permaneció a nuestro lado en un momento de sufrimiento.
O quizá fue un desconocido que tuvo un gesto de generosidad cuando más lo necesitábamos.
Muchas veces, esas personas no hicieron nada extraordinario.
Simplemente estuvieron allí.
Nos escucharon. Nos acompañaron. Nos ayudaron.
Y, sin saberlo, dejaron una huella que todavía permanece en nuestro corazón.
En el Evangelio, Jesús nos enseña que el amor a Dios y el amor al prójimo no pueden separarse.
No podemos afirmar que amamos a Dios y permanecer indiferentes ante el sufrimiento de nuestros hermanos.
No podemos pedir misericordia para nosotros y negarnos a ofrecerla a los demás.
No podemos hablar de esperanza si no estamos dispuestos a llevar un poco de esperanza a quienes la han perdido.
El papa León XIV nos recuerda, a través de sus enseñanzas, que nuestra fe debe convertirse en servicio.
La Iglesia no existe solamente para quienes ya se sienten cerca de Dios.
También está llamada a salir al encuentro de quienes viven solos, de quienes sufren, de quienes se sienten olvidados y de quienes necesitan descubrir que su vida tiene un valor infinito.
Esta es una de las grandes responsabilidades de nuestra comunidad cristiana.
Porque todos hemos recibido algo.
Algunos hemos recibido una familia que nos ama.
Otros hemos recibido oportunidades de estudiar o trabajar.
Otros hemos recibido talentos, conocimientos o capacidades que nos permiten ayudar a los demás.
Y muchos hemos recibido la fe gracias al testimonio de quienes nos precedieron.
Pero todo lo que hemos recibido lleva consigo una responsabilidad.
Jesús nos lo recuerda en el Evangelio de san Lucas: a quien mucho se le dio, mucho se le reclamará.
No se trata de sentirnos culpables por lo que tenemos.
Se trata de comprender que nuestros dones no están destinados únicamente a nuestro propio beneficio.
Dios nos los ha confiado para que podamos compartirlos.

